Actualizado el viernes 8/JUL/16

Interpretación del Apocalipsis

24 de diciembre de 1975

Noche Santa

No temáis.

“Ésta es la Noche Santa y vívela en mi Corazón, hijo mío amadísimo.

Te quiero hacer partícipe de todo mi amor, de mi ansia materna en el momento en que, arrebatada en una luz de Paraíso, mi Hijo Jesús ha nacido en este mundo. Ha nacido virginal y milagrosamente de Mí, su Madre.

La noche era profunda. Más profunda era la noche que envolvía a la Humanidad, esclava del pecado y que no esperaba ya la salvación.

La noche envolvía también al Pueblo elegido, que no respondía ya al espíritu de elección y no estaba preparado para acoger a su Mesías.

En esta noche tan profunda, la luz surgió, mi pequeño nació. En el momento en que nadie lo esperaba, cuando ningún lugar se había abierto para recibirle...

No esperado, no acogido, rechazado por la Humanidad: sin embargo, es en este momento cuando la Humanidad inicia su redención: mi Jesús nace para redimir a todos los hombres de sus pecados.

Surge así la Luz en medio de tantas tinieblas y viene este Hijo mío a salvar al mundo.

Nace en la pobreza y en el dolor de este rechazo y sus primeros vagidos son sólo de llanto: siente el rigor del frío, lo envuelve todo el hielo del mundo.

Mi Corazón Inmaculado ha recogido las primeras lágrimas del Niño Divino. Se han mezclado con las de mi Corazón y las he enjugado con mis besos de Madre.

En esta santa Noche, mientras una vez más os doy a mi Hijo, os repito: No temáis, Jesús es vuestro Salvador.

Ahora más que nunca el mundo está sumergido en las tinieblas; el hielo del odio, de la soberbia y de la incredulidad envuelve el corazón de los hombres. También la Iglesia está trastornada por una crisis profunda: y hasta muchos de sus Sacerdotes dudan de mi pequeño Niño.

¡Iglesia toda, recibe con alegría la venida de tu Jesús: en ti Él vive porque quiere salvar a todos estos pobres hijos míos!

Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado, no temáis.

Hoy os anuncio una gran noticia que es de gozo para todos: ¡mi Hijo Jesús es vuestro Salvador!

Todos habéis sido redimidos por Él; ahora todos podéis ser salvados por Él.

No temáis: como mi Corazón os ha dado al Salvador, así ahora en estos tiempos, mi Corazón Inmaculado os da la alegría de su salvación.

Pronto todo el mundo, que está invadido por las tinieblas y que ha sido arrebatado a mi Hijo, gozará finalmente del fruto de esta Noche Santa.

El triunfo de mi Corazón Inmaculado tendrá lugar con un nuevo nacimiento de Jesús en los corazones y en las almas de mis pobres hijos descarriados.

Tened sólo confianza y no os dejéis dominar ni por la ansiedad ni por el desaliento. El futuro que os espera será una nueva aurora de Luz para todo el mundo, entonces ya purificado.

En esta Noche, junto a la pobre cuna de mi Hijo, siento la presencia del amor de mis hijos predilectos, de los Sacerdotes consagrados a mi Corazón Inmaculado, y con mi Hijo Jesús, a quien estrecho en mi Corazón, os doy las gracias y os bendigo a todos.”

(Mensaje de la Virgen al Padre Gobbi, del Movimiento Sacerdotal Mariano)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)


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En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro. Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertarán, unos para la vida eterna, y otros para la ignominia, para el horror eterno. Los hombres prudentes resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que hayan enseñado a muchos la justicia brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del Fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento". Yo, Daniel, miré y vi que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y otro en la orilla opuesta. Uno de ellos dijo al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río: "¿Para cuándo será el fin de estos prodigios?". Yo oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas del río. Él alzó su mano derecha, y su mano izquierda hacia el cielo y juró por aquel que vive eternamente: "Pasará un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo; y cuando se haya acabado de aplastar la fuerza del pueblo santo, se acabarán también todas estas cosas". Yo oí, pero no entendí. Entonces dije: "Señor mío, ¿cuál será la última de estas cosas?". Él respondió: "Ve Daniel, porque estas palabras están ocultas y selladas hasta el tiempo final. Muchos serán purificados, blanqueados y acrisolados; los malvados harán el mal, y ningún malvado podrá comprender, pero los prudentes comprenderán. A partir del momento en que será abolido el sacrificio perpetuo y será instalada la Abominación de la desolación, pasarán mil doscientos noventa días. ¡Feliz el que sepa esperar y llegue a mil trescientos treinta y cinco días! En cuanto a ti, ve hacia el Fin: tú descansarás y te levantarás para recibir tu suerte al fin de los días". (Daniel 12, 1-13)

Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

Esta sección se crea el 2 de Abril de 2010, Viernes Santo, y día del Siervo de Dios Juan Pablo II, a quien se la encomendamos, junto con la interpretación correcta del Apocalipsis y todas las profecías que hablan sobre el Fin de los Tiempos.

Que la Virgen nos guíe en esta tan importante, actual y necesaria tarea, para que podamos ser de los que estemos escritos en el Libro de la Vida el Último Día.